“Nunca mandar al autor una evaluación de pares sin antes haberla leído en detalle”. Esa lección, que parece obvia, la aprendimos como equipo editorial en la medida en que nuestra revista fue creciendo y aumentando sus índices de impacto. Cada día empezaron a llegar más revisiones de pares que caían en, lo que me parece, son dos vicios que hay que tratar de evitar a toda costa:
1) Por un lado, la tendencia a sugerir como decisión editorial una aceptación (con cambios menores, cambios mayores, o cualquiera de las variantes del R&R que tenga cada revista) de artículos que no cumplen con los estándares para ser publicados, solamente porque dentro de sus referencias aparecían referencias al evaluador(a) en cuestión.
2) Por otro lado, la incorporación en la evaluación de sugerencias innecesarias para extender la revisión teórica. En otras palabras, revisores que piden incluir “nuevas referencias”, las cuales pertenecen a (adivinen) el/la evaluador(a) en cuestión.


Como investigadores y académicos, cuando recibimos una solicitud de parte de una revista para actuar como evaluador par, debemos hacer un esfuerzo y dejar nuestro ego de lado. La revisión de pares no es una herramienta para aumentar nuestras citaciones. La revisión de pares es un proceso, del que nosotros también dependemos cuando actuamos como autores, que busca certificar la calidad de un artículo y confirmar que el sustento teórico que este tiene detrás y su metodología son apropiados, coherentes y están bien utilizados. Eso es lo que tenemos que tener en mente cuando nos piden hacer este trabajo. No es una oportunidad para destacar nuestro trabajo, sino que es un espacio para ayudar a otro autor a mejorar el suyo. Es cierto que siempre puede existir un caso en que un trabajo de autoría del evaluador calce exactamente con alguna de las premisas clave del manuscrito y, por lo tanto, la recomendación sea genuina. Lamentablemente la experiencia me ha mostrado estos casos son los menos.
Para evitar situaciones como las antes descritas la decisión editorial de escoger un revisor par no es azarosa, sino que debe responder a una serie de preguntas: ¿ha publicado sobre el tema?, ¿maneja las técnicas que se aplican?, ¿es experto/a en la materia, aunque no tenga suficientes herramientas para evaluar aspectos metodológicos?, o al revés, ¿es experto/a en la metodología, aunque el tema no está directamente vinculado con su ámbito de investigación? En ese sentido, se suelen obtener evaluaciones más completas, que se convierten en aportes para los autores y que guían con claridad la definición de la decisión editorial, si se eligen en paralelo evaluadores expertos en el tema y otros en el método, evaluadores de distintos países y de distinto género. También es clave que las revistas seamos conscientes de que los formularios de evaluación no pueden ser eternos y que el apartado de comentarios debe ser lo suficientemente amplio como para que cada revisor profundice desde su ámbito de expertise.
Por último, no olvidemos, ni como editores ni como evaluadores, que una evaluación de pares no es ley. Cada equipo editorial puede, y debe, darse el trabajo de revisar si las evaluaciones fueron hechas o no de manera profesional y, si se detecta alguna que cae en los vicios mencionados (o en otro tipo de faltas), tomar la decisión de descartar dicha evaluación y, ya de plano, buscar otra.