Las revisiones científicas son la piedra angular de las “journals” de excelencia, justamente el elemento diferenciador máximo frente a las revistas ‘noveles’, ‘emergentes’ y, sobre todo, a las revistas ‘predators’. En todos estos casos, y por circunstancias muy diferentes, las revisiones no tienen calidad suficiente, los revisores no son prestigiosos o simplemente las revisiones son fuegos artificiales que no esconden más que un proceso falso, o cuando menos disimulado, de evaluación científica.

Frente a estos casos de revisiones deficientes, evaluadores simulados y procesos artificiosos, las revistas de calidad seleccionan a sus revisores con rigor, mantienen Consejos de Revisores significativos en número y calidad, con alta representatividad internacional, evitando a toda costa la endogamia, la evaluación no discriminatoria y aspirando siempre a seleccionar la mejor ciencia, esto es, los manuscritos, que en su campo científico representen lo más original, novedoso, significativo y relevante del ‘estado del arte’ actual.

En un post anterior, hemos referenciado la importancia de ‘la visibilidad y el reconocimiento del revisor’ (https://bit.ly/2OWH6NU) y la importancia de la existencia de ‘la página web del revisor’ (https://bit.ly/3vKQdSq) como elementos sustantivos para el afianzamiento de su figura clave en la calidad de las revistas de excelencia. En este post avanzamos en esta línea, incidiendo en la trascendencia para una revista científica de calidad el conformar Consejos amplios y selectivos, con los mejores investigadores en su campo, que revisen con rigor y que apoyen de forma decisoria en la selección, de forma anónima, de la mejor ciencia.

La activación de ‘calls por reviewers’ es un sistema no tan frecuente como necesario; en muchos casos, esta selección se realiza a discreción por parte de los editores, incluso a veces, entre investigadores conocidos, cercanos y con un cierto compromiso con la revista. Obviamente, este criterio selectivo aumenta la efectividad, pero ataca en la línea de flotación del modelo, ya que la endogamia puede aparecer por cualquier rincón y hundir un modelo de evaluación que hasta ahora se ha demostrado como ‘el menos malo’: el doble ciego, esto es, que los revisores no conozcan a los autores y viceversa, que los autores no puedan identificar quienes han revisado sus manuscritos.

Con las ‘convocatorias públicas de revisores’, activas y publicadas permanentemente en las revistas, garantizamos que la comunidad científica pueda colaborar, tanto en los habituales procesos de lectura y potencial autoría, como en los procesos de revisión.

Las postulaciones de los revisores garantizan trascender los círculos inmediatos de conocidos, yendo hacia una amplia red de investigadores que, en todo caso, han de cumplir unos requisitos selectivos, que serán más exigentes en la medida que la revista tenga unos estándares de calidad más altos.

‘Comunicar’ mantiene una sección específica para el Consejo Internacional de Revisores (https://bit.ly/3s8Wfdl) donde se informa de su composición (número, países) y se identifica a todos los miembros del Consejo. También en la misma web se ofrece la posibilidad de formar parte de este amplio equipo de casi un millar con una breve normativa para ser revisor en ‘Comunicar’ (https://bit.ly/2QmlyL3).

Este modelo selectivo es compatible con la selección de revisores a partir de los autores que publican en la revista, que también es un buen manantial de capación de revisores, pero que como única fuente impide abrir la revista a investigadores que no han entrado en el círculo de la publicación.

En suma, seleccionar y cuidar los mejores revisores, generando equipos amplios, diversificados y muy internacionales, al hilo de la ciencia global, es una marca de calidad distintiva de las revistas de excelencia y de las que aspiran a serlo.