En la última década, el profesorado universitario ha podido constatar cómo ha aumentado de forma exponencial la carga de trabajo burocrática y administrativa. A la atención online a los estudiantes y a los diversos órganos de gestión universitaria, multiplicada exponencialmente en los tiempos de la crisis sanitaria por el coronavirus, se ha añadido una nueva tarea: la aceptación o rechazo de la revisión de artículos, que nos demandan los editores de las revistas científicas de comunicación.

El primer impulso, con frecuencia, es valorar esta petición como una nueva tarea que se acumula a las muchas que nos llegan cada día. La cultura de la evaluación, fuertemente arraigada en el mundo anglosajón, tiene todavía un breve recorrido en el contexto español y latinoamericano. Pocas veces somos conscientes que aceptar una revisión abre un amplio abanico de oportunidades. En primer lugar, realizar una revisión supone una oportunidad para conocer, de primera mano, una investigación inédita. La realización de revisiones, con cierta regularidad, nos permite conocer los temas que se están investigando, las estrategias metodológicas que desarrollan los investigadores para abordar los objetos de estudio, las fuentes bibliográficas y documentales de las que se sirven, cómo exponen los resultados de sus investigaciones, etc. De este modo, la aceptación de revisiones nos ayuda a crecer como investigadores, y nos ayuda a estar al día en lo que se está investigando en la actualidad.

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