Autor: Ignacio Aguaded

¿Deben cobrar o no cobrar los revisores? El prestigio del árbitro científico

El papel de los revisores/as académicos en el ámbito de las publicaciones científicas se mueve aun en una profunda incertidumbre. La reivindicación para que esta figura se le reconozca su papel es sólida y adquiere cada vez más corpus y consenso.
Partiendo de la premisa de que la evaluación por pares −especialmente ciegos− es la base estructural en la que pivota la calidad de las publicaciones científicas de excelencia, la clarificación del protagonismo del revisor académico no debe estar en cuestión, sino que debe estar reconocido y prestigiado en todos los sistemas de evaluación que se precien.

Scientia

El debate, ya clásico, de si la revisión científica debe ser o no gratificada económicamente ha sido objeto de muchos debates y discusión de investigadores, sin encontrarse hasta ahora un consenso más o menos unánime en la comunidad científica.
La respuesta a esta simple pregunta requiere contextualizarla en un marco mucho más amplio, que supera la mera gratificación de siempre modestas aportaciones, cuando las hay, y que en ningún caso cubre la tarea, la responsabilidad, la formación y el prestigio previo requerido para acometerla.
Hay que enfocar la cuestión. El debate debe girar en torno al prestigio y reconocimiento del revisor como garante de la calidad de los trabajos que se publican, como autentico “portero de la ciencia” −en términos etnográficos, “gatekeeper” en inglés−. Su papel, lejos de ser secundario y baladí, garantiza la publicación de los mejores resultados de investigación, los más relevantes y originales, los más transferibles y significativos. Sin los revisores, los editores tendrían ante sí una labor inabarcable e imposible, porque solo desde la superespecialización, es posible una revisión científica objetiva y discriminatoria, centrada exclusivamente en los objetos investigados.
Teniendo como punto de partida, la esencialidad de los revisores, serán necesarias estrategias que permitan su reconocimiento. Obviamente una de ellas, puede ser el pago de emolumentos por la tarea realizada, pero si estos se produjesen deberían ser proporcionales a la tarea realizada y al bagaje previo exigible para acometerla. Transacciones ridículas o modestos bonos −cheques-regalo¬− para futuras APC −articles processing charges− son más denigrantes que la propia gratuidad porque, al menos en este caso, se valora el aporte intelectual como acción altruista a la comunidad científica y no como un pago “satisfecho” con un importe insignificante.
El pago por la tarea de la revisión científica también está condicionado por múltiples factores.

En las editoriales multinacionales, con enormes recursos y miles de suscripciones de lectores y bibliotecas, así con pagos por publicación (APC), es mucho más comprensible -y exigible− que incentiven las revisiones con contraprestaciones económicas. En cambio, las revistas científicas “open access” −sin embargos para las lecturas−, y que además no cuentan con pagos por publicación (APC), es mucho más difícil entender estos emolumentos, dado que sus economías se basan en ingresos escasos y por tanto gastos mínimos. Este último modelo es el más asentado en el mundo latino, donde la gratuidad de todo el proceso es el más común, también la tarea de las revisiones.
En suma, si entendemos el proceso de las revisiones como una tarea concatenada en el complejo mundo de las publicaciones científicas, donde lectores, autores, revisores y editores confluyen y entremezclan permanentemente sus papeles −al menos los tres primeros−, es comprensible que la tarea revisora se entienda como la contraprestación necesaria a la potencial acción de autoría sin costes y también de lectura en acceso libre. Siendo claros, si cuando sometemos como autores un trabajo a revisión queremos que esta labor nos sea gratuita, ¿Cómo nos vamos a negar luego a que también nosotros revisemos los trabajos de otros? Si leemos los trabajos de revistas, sin pagos por lectura, ni embargos, ni suscripciones, ¿cómo nos vamos a negar en colaborar, seleccionado los mejores trabajos para su publicación? Obviamente, si no hay reciprocidad y cooperación, el circuito de la publicación científica se desploma.
Además, la tarea revisar tiene otros réditos más profundos y menos reconocibles, al menos aparentemente. No hay que olvidar que la mejor manera de aprender es leyendo y, sobre todo, revisando, ya que cuando se examina el trabajo del “otro” es cuando uno descubre nuevos parámetros y abre su mente a nuevas perspectivas. Este “premio” es mucho más importante, si cabe, para un científico, que una modesta aportación económica y mucho más, si esta se traduce en ridículos bonos, como algunos grupos editoriales, con prácticas “predators” evidentes, están generando.
En suma, el debate, no debe girar en torno a si hay que pagar o cobrar la tarea revisora (en la óptica del editor y del revisor, respectivamente). La contraprestación no es solo económica, sino también de formación personal, y de colaboración recíproca y cooperativa con la comunidad.
El gran reto que tenemos, editores y revisores, es prestigiar y dar valor científico a esta tarea en las Agencias Nacionales de Evaluación, en las acreditaciones de los currículums universitarios para que las revisiones, en revistas científicas de calidad, rigurosas y sistémicas, se integren en los aportes sustantivos de la carrera de los investigadores por los aportes personales y comunitarios que estas generan, como vía necesaria para la transferencia del conocimiento a la sociedad.

Calls públicos de Revisores Científicos

Las revisiones científicas son la piedra angular de las “journals” de excelencia, justamente el elemento diferenciador máximo frente a las revistas ‘noveles’, ‘emergentes’ y, sobre todo, a las revistas ‘predators’. En todos estos casos, y por circunstancias muy diferentes, las revisiones no tienen calidad suficiente, los revisores no son prestigiosos o simplemente las revisiones son fuegos artificiales que no esconden más que un proceso falso, o cuando menos disimulado, de evaluación científica.

Frente a estos casos de revisiones deficientes, evaluadores simulados y procesos artificiosos, las revistas de calidad seleccionan a sus revisores con rigor, mantienen Consejos de Revisores significativos en número y calidad, con alta representatividad internacional, evitando a toda costa la endogamia, la evaluación no discriminatoria y aspirando siempre a seleccionar la mejor ciencia, esto es, los manuscritos, que en su campo científico representen lo más original, novedoso, significativo y relevante del ‘estado del arte’ actual.

En un post anterior, hemos referenciado la importancia de ‘la visibilidad y el reconocimiento del revisor’ (https://bit.ly/2OWH6NU) y la importancia de la existencia de ‘la página web del revisor’ (https://bit.ly/3vKQdSq) como elementos sustantivos para el afianzamiento de su figura clave en la calidad de las revistas de excelencia. En este post avanzamos en esta línea, incidiendo en la trascendencia para una revista científica de calidad el conformar Consejos amplios y selectivos, con los mejores investigadores en su campo, que revisen con rigor y que apoyen de forma decisoria en la selección, de forma anónima, de la mejor ciencia.

La activación de ‘calls por reviewers’ es un sistema no tan frecuente como necesario; en muchos casos, esta selección se realiza a discreción por parte de los editores, incluso a veces, entre investigadores conocidos, cercanos y con un cierto compromiso con la revista. Obviamente, este criterio selectivo aumenta la efectividad, pero ataca en la línea de flotación del modelo, ya que la endogamia puede aparecer por cualquier rincón y hundir un modelo de evaluación que hasta ahora se ha demostrado como ‘el menos malo’: el doble ciego, esto es, que los revisores no conozcan a los autores y viceversa, que los autores no puedan identificar quienes han revisado sus manuscritos.

Con las ‘convocatorias públicas de revisores’, activas y publicadas permanentemente en las revistas, garantizamos que la comunidad científica pueda colaborar, tanto en los habituales procesos de lectura y potencial autoría, como en los procesos de revisión.

Las postulaciones de los revisores garantizan trascender los círculos inmediatos de conocidos, yendo hacia una amplia red de investigadores que, en todo caso, han de cumplir unos requisitos selectivos, que serán más exigentes en la medida que la revista tenga unos estándares de calidad más altos.

‘Comunicar’ mantiene una sección específica para el Consejo Internacional de Revisores (https://bit.ly/3s8Wfdl) donde se informa de su composición (número, países) y se identifica a todos los miembros del Consejo. También en la misma web se ofrece la posibilidad de formar parte de este amplio equipo de casi un millar con una breve normativa para ser revisor en ‘Comunicar’ (https://bit.ly/2QmlyL3).

Este modelo selectivo es compatible con la selección de revisores a partir de los autores que publican en la revista, que también es un buen manantial de capación de revisores, pero que como única fuente impide abrir la revista a investigadores que no han entrado en el círculo de la publicación.

En suma, seleccionar y cuidar los mejores revisores, generando equipos amplios, diversificados y muy internacionales, al hilo de la ciencia global, es una marca de calidad distintiva de las revistas de excelencia y de las que aspiran a serlo.

La página web del revisor

Los revisores son la piedra angular de la calidad de una revista científica. Sin revisión rigurosa no hay avance de ciencia, esto es, originalidad, novedad, relevancia, transferencia y sistema.

Por mucho tiempo, los revisores no han tenido el papel que merecen y el reconocimiento que les corresponde ni en las revistas ni en los sistemas de evaluación de la ciencia: las primeras los han considerado como informes necesarios, pero a veces discordantes; los segundos no han sido capaces de percibir que los revisores son los “porteros” de la ciencia (gatekeepers), en tanto que de forma anónima y colegiada se encargan de discriminar la ciencia de calidad, valorando los “objetos” y no “sujetos” de la investigación y, por tanto, descubriendo la nueva ciencia de calidad, independientemente del lugar de donde proceda y de las etiquetas previas de los autores.

La visibilización y reconocimiento del revisor

Ser revisor científico de una publicación académica no es tarea fácil ni, hasta ahora, bien reconocida. En escasas revistas se gratifica esta tarea y en muchos países, incomprensiblemente, ni se reconoce curricularmente la loable y compleja tarea de examinar a fondo los resultados de las investigaciones para dilucidar su calidad y relevancia. En suma, de ser merecedora de publicidad y difusión por su alto grado de significatividad en el progreso de la ciencia.

Los revisores: piedra angular de una revista científica de calidad

Muchas veces, en los foros universitarios, se reflexiona y discute, a veces acaloradamente, sobre las revistas científicas, especialmente sobre su controvertida calidad. Es cierto que las indexaciones internacionales, con sus rankings famosos, especialmente JCR y Scopus, han clasificado a las publicaciones en función de su factor de impacto en cuartiles y percentiles, como si esta fuera la única manera de medir la “calidad” de una publicación. Sin duda, es este un concepto más amplio que abarca dimensiones vinculadas al proceso de gestión de manuscritos originales, novedosos y significativos, así como la visibilidad de los mismos.

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