En los últimos años se constata un incremento de todo tipo de ilustraciones en las revistas científicas. Habitualmente estas publicaciones no han valorado en su justa medida estas figuras que han funcionado como elementos secundarios subordinados al texto. Esta circunstancia ha encontrado su justificación en el hecho de que este material gráfico no se ha considerado como un elemento con su propia retórica y lenguaje.

En este sentido, es frecuente encontrar en las fichas que se proporcionan a los revisores ítems como “¿Hay un apoyo en tablas y gráficos para sintetizar y representar información?”. Desde esta perspectiva las ilustraciones cuentan con una funcionalidad que no va más allá de la repetición de lo ya expresado en el cuerpo de texto del artículo.