Revisores científicos: portadores de la excelencia, agentes de cambio y gestores de relaciones científicas

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-038

El revisor científico nace con la publicación de su primer artículo de investigación. Es la primera puerta que se abre para ejercer como evaluador de un manuscrito; pero, es en el oficio, en el constante leer y ejercer un criterio, que nace la expertise de la evaluación. Mas, no solo basta con ser experto en un área temática, también se debe velar por la calidad del trabajo que se presenta, por la oportuna respuesta ante la solicitud hecha por las revistas, por el cumplimiento con los tiempos establecidos, por brindar soluciones y no cerrar las puertas ante la colaboración.

Esta oportunidad no solo se le abre al autor primerizo, sino a toda revista científica; todos sabemos lo difícil que es conseguir revisores que acepten oportunamente la evaluación y lo hagan con la calidad que se merece. Debemos recordar que todo autor que haya publicado en nuestra revista puede ser asignado como revisor, iniciando, claramente, por el eje temático de su artículo publicado.

También es cierto que hay que estar pendiente de los correos no deseados, porque muchas veces esas solicitudes llegan sin que uno se dé cuenta y puede que uno no acepte una revisión porque, por esto, no se enteró a tiempo. Y aquí se abre otra puerta: a veces el trabajo hace que no tengamos tiempo de aceptar dichas evaluaciones, así que está en nosotros dar una solución y, a su vez, la revista debe preguntar por nuevos posibles revisores. Este tipo de contribución y colaboración es fundamental porque desde las mismas relaciones entre pares se está reconociendo el trabajo y rigurosidad de la persona que estamos recomendando.

Ergo, es esencial que todo revisor tenga ciertas cualidades, como el cumplimiento en los tiempos de respuesta, la claridad en los comentarios y sugerencias, la adaptabilidad ante múltiples formularios y preguntas que tiene cada revista, redes de contacto, la rigurosidad en la investigación para contrastar lo que se está leyendo, entre otras. En cuanto al cumplimiento de los tiempos de respuesta, es importante indicar si se va a realizar o no la evaluación, esto es vital para el cumplimiento de los procesos de la revista: en la medida que al editor le indiquen su decisión, uno puede prever soluciones rápidas. Pero muchas veces, el inicio del proceso de revisión es el inicio de la constante incertidumbre acerca de si los tiempos se cumplirán o no.

En cuanto a los formularios que se deben diligenciar, es importante ser muy explícitos en las modificaciones y sugerencias que se están haciendo con la rigurosidad que se merece. Muchas veces, y lamentablemente, al momento de revisar lo que dijeron los evaluadores es menos lo que dicen, esto es un problema no solo para el editor, sino para el propio autor porque a menudo, en el anhelo de mejorar lo que uno escribe, no es mucho lo que se dice y el trabajo no puede mejorar sustancialmente.

Así mismo, el revisor es un gestor de constantes relaciones académicas y científicas, puede recomendar a un revisor desde sus redes de contacto, personas que están al nivel de realizar una evaluación rigurosa y que permita el avance científico. Recordemos que es por medio del criterio de un revisor que se puede optimizar la calidad del texto que está siendo evaluado o rechazar un manuscrito que puede ser mejorado para otra oportunidad de envío.

En ese sentido, el revisor debe ser recordado como esa piedra angular que permite la democratización de la ciencia y su labor es una fuente inagotable para entender que el mundo académico y científico debe estar abierto a todo el público, pues los revisores también son autores y lectores de innumerables artículos que están en acceso abierto. Esta comunidad y trabajo colectivo entre autores, revisores, editores, correctores y demás miembros lo que hace es garantizar la publicación de los mejores resultados de investigación, aquellos más relevantes y significativos para hacer avanzar el mundo académico-científico (Aguaded, 2021).

¿Deben cobrar o no cobrar los revisores? El prestigio del árbitro científico

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-037

El papel de los revisores/as académicos en el ámbito de las publicaciones científicas se mueve aun en una profunda incertidumbre. La reivindicación para que esta figura se le reconozca su papel es sólida y adquiere cada vez más corpus y consenso.
Partiendo de la premisa de que la evaluación por pares −especialmente ciegos− es la base estructural en la que pivota la calidad de las publicaciones científicas de excelencia, la clarificación del protagonismo del revisor académico no debe estar en cuestión, sino que debe estar reconocido y prestigiado en todos los sistemas de evaluación que se precien.

Scientia

El debate, ya clásico, de si la revisión científica debe ser o no gratificada económicamente ha sido objeto de muchos debates y discusión de investigadores, sin encontrarse hasta ahora un consenso más o menos unánime en la comunidad científica.
La respuesta a esta simple pregunta requiere contextualizarla en un marco mucho más amplio, que supera la mera gratificación de siempre modestas aportaciones, cuando las hay, y que en ningún caso cubre la tarea, la responsabilidad, la formación y el prestigio previo requerido para acometerla.
Hay que enfocar la cuestión. El debate debe girar en torno al prestigio y reconocimiento del revisor como garante de la calidad de los trabajos que se publican, como autentico “portero de la ciencia” −en términos etnográficos, “gatekeeper” en inglés−. Su papel, lejos de ser secundario y baladí, garantiza la publicación de los mejores resultados de investigación, los más relevantes y originales, los más transferibles y significativos. Sin los revisores, los editores tendrían ante sí una labor inabarcable e imposible, porque solo desde la superespecialización, es posible una revisión científica objetiva y discriminatoria, centrada exclusivamente en los objetos investigados.
Teniendo como punto de partida, la esencialidad de los revisores, serán necesarias estrategias que permitan su reconocimiento. Obviamente una de ellas, puede ser el pago de emolumentos por la tarea realizada, pero si estos se produjesen deberían ser proporcionales a la tarea realizada y al bagaje previo exigible para acometerla. Transacciones ridículas o modestos bonos −cheques-regalo¬− para futuras APC −articles processing charges− son más denigrantes que la propia gratuidad porque, al menos en este caso, se valora el aporte intelectual como acción altruista a la comunidad científica y no como un pago “satisfecho” con un importe insignificante.
El pago por la tarea de la revisión científica también está condicionado por múltiples factores.

En las editoriales multinacionales, con enormes recursos y miles de suscripciones de lectores y bibliotecas, así con pagos por publicación (APC), es mucho más comprensible -y exigible− que incentiven las revisiones con contraprestaciones económicas. En cambio, las revistas científicas “open access” −sin embargos para las lecturas−, y que además no cuentan con pagos por publicación (APC), es mucho más difícil entender estos emolumentos, dado que sus economías se basan en ingresos escasos y por tanto gastos mínimos. Este último modelo es el más asentado en el mundo latino, donde la gratuidad de todo el proceso es el más común, también la tarea de las revisiones.
En suma, si entendemos el proceso de las revisiones como una tarea concatenada en el complejo mundo de las publicaciones científicas, donde lectores, autores, revisores y editores confluyen y entremezclan permanentemente sus papeles −al menos los tres primeros−, es comprensible que la tarea revisora se entienda como la contraprestación necesaria a la potencial acción de autoría sin costes y también de lectura en acceso libre. Siendo claros, si cuando sometemos como autores un trabajo a revisión queremos que esta labor nos sea gratuita, ¿Cómo nos vamos a negar luego a que también nosotros revisemos los trabajos de otros? Si leemos los trabajos de revistas, sin pagos por lectura, ni embargos, ni suscripciones, ¿cómo nos vamos a negar en colaborar, seleccionado los mejores trabajos para su publicación? Obviamente, si no hay reciprocidad y cooperación, el circuito de la publicación científica se desploma.
Además, la tarea revisar tiene otros réditos más profundos y menos reconocibles, al menos aparentemente. No hay que olvidar que la mejor manera de aprender es leyendo y, sobre todo, revisando, ya que cuando se examina el trabajo del “otro” es cuando uno descubre nuevos parámetros y abre su mente a nuevas perspectivas. Este “premio” es mucho más importante, si cabe, para un científico, que una modesta aportación económica y mucho más, si esta se traduce en ridículos bonos, como algunos grupos editoriales, con prácticas “predators” evidentes, están generando.
En suma, el debate, no debe girar en torno a si hay que pagar o cobrar la tarea revisora (en la óptica del editor y del revisor, respectivamente). La contraprestación no es solo económica, sino también de formación personal, y de colaboración recíproca y cooperativa con la comunidad.
El gran reto que tenemos, editores y revisores, es prestigiar y dar valor científico a esta tarea en las Agencias Nacionales de Evaluación, en las acreditaciones de los currículums universitarios para que las revisiones, en revistas científicas de calidad, rigurosas y sistémicas, se integren en los aportes sustantivos de la carrera de los investigadores por los aportes personales y comunitarios que estas generan, como vía necesaria para la transferencia del conocimiento a la sociedad.

Estrategias de incentivación de revisores

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-036

Nekane Parejo y Agustín Gómez

Uno de los requisitos imprescindibles para que una revista tenga una buena calificación académica y científica es que cada artículo pase por el sistema doble par anónimo de expertos (double-blind peer-review). Ningún sistema de evaluación de las revistas aceptaría que este requisito no se cumpla. Además, y para que redunde en la calidad de las revistas, estos deben ser competentes en las materias para las que se les requiere su concurso.

Esta situación supone que dentro de todo el engranaje que conlleva una revista, el apartado de la evaluación es de los más importantes y, lógicamente, el cometido que desempeñan los evaluadores de artículos científicos es fundamental para la mejora de la calidad de la investigación que se publica en estas revistas. Se trata de expertos cuya responsabilidad es acreditar el rigor de los trabajos académicos y garantizar que los resultados de la evaluación carezcan de sesgo. En definitiva, sobre ellos recae el peso de decidir qué artículos serán publicados y cuáles rechazados.

La comunidad de las Revistas Científicas: decisiones editoriales que la construyen

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-035

Ser parte de una revista científica es más que pertenecer a una institución, organización o casa editorial. Es pertenecer a una comunidad que, año tras año, se va consolidando. Pero, ¿cómo? Si bien es cierto que parte del fortalecimiento de las revistas se da por su visibilidad en motores de búsqueda y bases de datos, y acceso a bases de datos indexadoras, bibliográficas, de referencia o de alto impacto, como Scopus y Web of Science, el trabajo no se construye solo. Es el esfuerzo de un equipo editorial que está acompañado por las constantes conversaciones que hay con otros pares y con otras revistas para el mejoramiento constante, a través de flujos de trabajo entre los equipos editoriales y el robustecimiento de políticas editoriales.

La importancia del trato con el revisor

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-034

Un problema con el que suelen encontrarse quienes editan una revista es con la quejas constantes de los autores en relación a la forma en que los revisores formulan sus dictaminaciones, y, algunas veces, suelen ser quejas y molestias bien fundadas. No habrá sido la primera ni será la última vez, apostamos, en que quienes estamos leyendo esta entrada hemos intervenido y hecho de mediadores, más allá de lo que dictaría la norma práctica, pidiendo a algunos evaluadores mesurar sus comentarios, hacer un uso menos violento de los adjetivos y, muchas otras veces, incluso, señalando que en el fondo pueda existir un ataque ad hominen (aunque todo sea a doble ciego) en el proceso de dictaminación.

La revisión de los aspectos formales

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-033

Cuando recibimos un artículo para que lo revisemos, la tendencia inicial es céntranos en metodología, instrumentos empleados en la investigación y contenido en general del artículo. Nos centramos en la revisión de contenido y, con frecuencia, los aspectos formales se dejan en un segundo plano. No es, desde luego, una práctica recomendable, puesto que la revisión de aspectos formales es imprescindible y jamás se podrá publicar un artículo que no se adecúe a estos requisitos formales.

Los aspectos formales a tener en cuenta son amplios y variados. Además, van a depender de cada revista, ya que cada una establece sus propias normas de estilo e instrucciones para autores.

La revisión de las ilustraciones

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-032

En los últimos años se constata un incremento de todo tipo de ilustraciones en las revistas científicas. Habitualmente estas publicaciones no han valorado en su justa medida estas figuras que han funcionado como elementos secundarios subordinados al texto. Esta circunstancia ha encontrado su justificación en el hecho de que este material gráfico no se ha considerado como un elemento con su propia retórica y lenguaje.

En este sentido, es frecuente encontrar en las fichas que se proporcionan a los revisores ítems como “¿Hay un apoyo en tablas y gráficos para sintetizar y representar información?”. Desde esta perspectiva las ilustraciones cuentan con una funcionalidad que no va más allá de la repetición de lo ya expresado en el cuerpo de texto del artículo.

Propuestas de COPE para una revisión científica ética. Antes de la revisión (2)

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-031

Continuamos con el segundo post de la serie sobre ética de la revisión, de la mano de COPE.

¿Qué se espera de quien revisa textos científicos? ¿Cuál es la expectativa que se genera en el equipo de edición de la revista? ¿Qué actuaciones resultan imprescindibles? ¿Qué acuerdos tácitos podemos visibilizar?

COPE (Committee on Publication Ethics) tiene una serie de recomendaciones que debería conocer cualquier persona que sea contactada para revisar. Estas son:

responder en un plazo razonable, primero a la petición de revisión para decir si se acepta o no. Luego, en el plazo propuesto para el envío del informe.  

poner en conocimiento de quien edita la revista si no se tienen los conocimientos necesarios para llevar a cabo la revisión o si se puede evaluar sólo una parte del manuscrito, indicando claramente las áreas en las que sí se podría actuar. Muchas revistas añaden un texto de conformidad donde se pueden indicar estas circunstancias, al contestar al email de petición.

Calls públicos de Revisores Científicos

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-030

Las revisiones científicas son la piedra angular de las “journals” de excelencia, justamente el elemento diferenciador máximo frente a las revistas ‘noveles’, ‘emergentes’ y, sobre todo, a las revistas ‘predators’. En todos estos casos, y por circunstancias muy diferentes, las revisiones no tienen calidad suficiente, los revisores no son prestigiosos o simplemente las revisiones son fuegos artificiales que no esconden más que un proceso falso, o cuando menos disimulado, de evaluación científica.

Frente a estos casos de revisiones deficientes, evaluadores simulados y procesos artificiosos, las revistas de calidad seleccionan a sus revisores con rigor, mantienen Consejos de Revisores significativos en número y calidad, con alta representatividad internacional, evitando a toda costa la endogamia, la evaluación no discriminatoria y aspirando siempre a seleccionar la mejor ciencia, esto es, los manuscritos, que en su campo científico representen lo más original, novedoso, significativo y relevante del ‘estado del arte’ actual.

En un post anterior, hemos referenciado la importancia de ‘la visibilidad y el reconocimiento del revisor’ (https://bit.ly/2OWH6NU) y la importancia de la existencia de ‘la página web del revisor’ (https://bit.ly/3vKQdSq) como elementos sustantivos para el afianzamiento de su figura clave en la calidad de las revistas de excelencia. En este post avanzamos en esta línea, incidiendo en la trascendencia para una revista científica de calidad el conformar Consejos amplios y selectivos, con los mejores investigadores en su campo, que revisen con rigor y que apoyen de forma decisoria en la selección, de forma anónima, de la mejor ciencia.

La activación de ‘calls por reviewers’ es un sistema no tan frecuente como necesario; en muchos casos, esta selección se realiza a discreción por parte de los editores, incluso a veces, entre investigadores conocidos, cercanos y con un cierto compromiso con la revista. Obviamente, este criterio selectivo aumenta la efectividad, pero ataca en la línea de flotación del modelo, ya que la endogamia puede aparecer por cualquier rincón y hundir un modelo de evaluación que hasta ahora se ha demostrado como ‘el menos malo’: el doble ciego, esto es, que los revisores no conozcan a los autores y viceversa, que los autores no puedan identificar quienes han revisado sus manuscritos.

Con las ‘convocatorias públicas de revisores’, activas y publicadas permanentemente en las revistas, garantizamos que la comunidad científica pueda colaborar, tanto en los habituales procesos de lectura y potencial autoría, como en los procesos de revisión.

Las postulaciones de los revisores garantizan trascender los círculos inmediatos de conocidos, yendo hacia una amplia red de investigadores que, en todo caso, han de cumplir unos requisitos selectivos, que serán más exigentes en la medida que la revista tenga unos estándares de calidad más altos.

‘Comunicar’ mantiene una sección específica para el Consejo Internacional de Revisores (https://bit.ly/3s8Wfdl) donde se informa de su composición (número, países) y se identifica a todos los miembros del Consejo. También en la misma web se ofrece la posibilidad de formar parte de este amplio equipo de casi un millar con una breve normativa para ser revisor en ‘Comunicar’ (https://bit.ly/2QmlyL3).

Este modelo selectivo es compatible con la selección de revisores a partir de los autores que publican en la revista, que también es un buen manantial de capación de revisores, pero que como única fuente impide abrir la revista a investigadores que no han entrado en el círculo de la publicación.

En suma, seleccionar y cuidar los mejores revisores, generando equipos amplios, diversificados y muy internacionales, al hilo de la ciencia global, es una marca de calidad distintiva de las revistas de excelencia y de las que aspiran a serlo.

Los tiempos para realizar la revisión. Un reto para las revistas y para los revisores

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-029

La gestión del tiempo se ha convertido en un serio problema para todos nosotros, para los editores y editoras de las revistas, para los investigadores que realizan las revisiones y, muy especialmente, para las autoras y autores que desarrollan las investigaciones y aspiran a publicar sus trabajos lo antes posible.

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