Entre el reconocimiento de lo tangible e intangible del revisor científico: ¿ser o no ser?

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-007

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.

Mahatma Gandhi

La palabra reconocimiento (ser reconocido) en cuanto al experto en ciencia, puede ser un arma de doble filo: por un lado, de ella puede devenirse el egocentrismo de un agente académico (muchas veces nocivo para la ciencia) y por el otro, puede ser la garantía para encontrar ese par académico aportador, noble, perdido y necesitado en la publicación de artículos científicos.

Encontrar a este último, no es trabajo sencillo; pero, hay ciertas pistas que nos permiten dar con un revisor para que comience a ser esa piedra angular de calidad para una revista: su reputación, el voz a voz, las relaciones académicas, su trayectoria medible como autor de textos científicos, su aporte sustancial al manuscrito que revisa, su percepción en la originalidad de un artículo, etcétera.

Es clave entender que una cosa es ser reconocido como autor y otra como revisor: no todo autor, con un perfil potencial para revisar un texto, es un buen revisor, pues la revisión de un posible manuscrito que puede ser publicado o rechazado, obedece a una mezcla de factores objetivos (tiempo de entrega de la revisión, por ejemplo) y subjetivos (formas cómo aporta y enriquece el texto que revisa). Aquí es probable que el revisor haya tenido que formarse por su cuenta para cumplir con los requerimientos de una revista (que a la larga lo evalúa a él como revisor), basados en unas directrices, el formulario de evaluación, su propia experiencia y pericia.

Sin embargo, hay pocas iniciativas que reconocen la labor silenciosa del revisor y pocos incentivos estandarizados que puedan llegar a generar una “cultura de la revisión”. Hay países con políticas que premian el hecho de ser revisor para artículos en revistas científicas, como el Conacyt, en México (lo que puede fortalecer esa cultura de revisión) y otros en los que solo vale ser autor en revistas indexadas. Es por esto que es importante la creación de más espacios formativos o liderados por políticas estatales, por las universidades o por editoriales universitarias que le den un valor agregado a la labor del revisor para que así su trabajo sea recompensado por lo tangible y lo intangible.

Si bien se está buscando siempre un revisor con un perfil que se acomode al manuscrito en cuestión, aporte al avance de la ciencia, que busque el crecimiento del autor, brindándole preguntas y herramientas, siendo casi que un coautor en la sombra, que lo hace cuestionar y repensar su trabajo, existen pocas recompensas más allá del ya apremiante “amor por la ciencia”, la devolución de un favor o un compromiso adquirido, y debemos comenzar a pensar en una cultura del reconocimiento partiendo de la responsabilidad de las revistas, por medio de, por ejemplo, la implementación inmediata y automática del certificado de revisión, la exaltación de los agradecimientos de los autores de un manuscrito cuando culmina el proceso de revisión (en la medida que existan), la creación de iniciativas independientes que busquen resaltar la excelencia académica de los revisores, entre otros.

Actualmente, existen herramientas que han permitido empezar a construir una cultura del reconocimiento; esta es una invitación a hacer uso de ellas y a explorar  nuevas posibilidades e iniciativas que desde nuestras revistas podríamos implementar. No está de más seguir el ejemplo de la revista Comunicar, que recientemente lanzó el premio a la Excelencia Académica para Autores y Revisores o el ejemplo de Publons, como una escuela de formación de revisores y sus Global Peer Review Awards; además de ser un sitio web que permite registrar los certificados de revisión, hacer búsqueda de revisores y una debida verificación con los editores sobre el trabajo de estos últimos; entre más mecanismos como EXIT; AEIC; Google Académico, etc., que brindan directorios de expertos y la posibilidad de localizar potenciales revisores a partir de temáticas y áreas de conocimiento.

Seguramente, todos hemos tenido una experiencia como autor o revisor, de brindar o recibir un agradecimiento hacia el trabajo de evaluación de un manuscrito. Algunas veces lo hacemos de manera explícita y otras veces queda en el silencio del proceso. Aunque hoy la labor del revisor comienza a tener una mayor relevancia en las estrategias de una revista y complementan aún más la labor del editor en jefe, se debe seguir fortaleciendo las estrategias que premien y hagan escuela en la formación de los revisores de manuscritos. El camino para abrir estas posibilidades sigue labrándose y es importante seguir generando estos espacios de reflexión para la construcción de la ciencia.

Descubriendo al autor: Consejos para la identificación de los autores en las revisiones ciegas

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-006

El sistema de ciego simple y doble ciego en las revistas científicas tiene sus seguidores y detractores, (hay quien propone, el triple, cuádruple y séxtuple ciego ). No es el objeto de este post hablar de las bondades del sistema, sino todo lo contrario. El objetivo de este post es “hacer que los ciegos vean” (Jn 9:39). No obstante, este texto también está dirigido a los autores que deben aprender a mantenerse en el anonimato y editores de revistas que deben velar por el anonimato de los trabajos en revisión.

Un buen científico, en su papel de revisor, debería poder identificar a los autores de los trabajos de su área, especialmente los trabajos de sus compatriotas, o al menos acotar suficientemente el número de «sospechosos». Esto por supuesto tiene sus limitaciones, es muy difícil identificar a los nuevos investigadores del sistema o a los investigadores que cambian de línea de investigación. A veces las identificaciones son erróneas, puesto que se identifican a los maestros y compañeros de los autores, que tienen líneas de investigación y grupos sociales académicos similares. Podemos decir que uno de los objetivos inherentes (aunque no declarado) a toda revisión ciega es la identificación de la fuente (el autor), para ello el trabajo se convierte en un tablero de “cluedo” y el investigador debe ir descubriendo las pistas, ponerlas en contexto y descubrir a Mr. X.

Como documentalista, tengo mis “trucos” especializados por influencia del área. Mientras que unos leen el futuro en los posos del té y del café, los documentalistas estamos especializados en descifrar los misterios de la ciencia en los «posos» de los artículos; las referencias bibliográficas. Las referencias son para el científico social lo mismo que los análisis de sangre para los médicos, unos indicadores excelentes que nos hablan de la salud y las enfermedades de un trabajo, incluso aplicando ingeniería podemos averiguar parte, si no entero, del ADN del padre de la criatura. No obstante, también utilizamos otros métodos. Ahí van una lista de lugares donde encontrar pistas:

Archivo:

  • A veces el archivo de revisión del trabajo lleva incluido el nombre del autor de este. Pinchamos sobre el documento antes de abrirlo, botón derecho, propiedades y ahí saldría. Esto es obra de un autor torpón y una revisión editorial descuidada.

Título:

  • El título en teoría suele representar más al trabajo que al autor, no obstante, con frecuencia nos encontramos trabajos que son continuaciones de trabajos previos o aplicaciones de una misma metodología a otras áreas, por lo que comparten una gran similitud con obras pretéritas del mismo autor.

Introducción:

  • La introducción es uno de los campos más subjetivos, el estilo y la redacción del autor es “más libre” en este apartado. A veces los autores se permiten licencias poéticas, y como decía Ricardo Darín en “El secreto de sus ojos” aunque una persona cambie de cara e identidad, lo que nunca cambian son sus pasiones, y la introducción es un buena área para expresarlas.

Material y Métodos:

  • El autor debe comprobar quienes han utilizado antes la misma fuente de información, eso le permite acotar mucho la búsqueda, sobre todo si es una fuente de información poco común. Si la muestra se ha usado previamente podemos suponer que fueron los mismos autores tratando de aprovechar esfuerzos y energías. El método también es clave, dependiendo de la complejidad y originalidad de este podremos acotar mucho o poco a los sospechosos. Por ejemplo, yo utilizo el Análisis de Redes Sociales para estudiar la estructura social a partir de los tribunales de tesis, y al igual que yo sólo siete personas más, entre ellos tres investigadores de mi grupo.

Análisis y Resultados:

  • En el capítulo análisis y resultados (como en el resto) vemos la capacidad de análisis de los autores, por tanto, podemos entrever su madurez científica y discernir a qué grupo pertenece (investigadores profesionales y amateurs). Por otra parte, la creatividad de los autores tiene reflejo en la metodología (pocas veces) y en el análisis y resultados. En la ejecución de las figuras y tablas, podemos identificar estilos pictóricos; por eso (entre otros motivos) en comunicación científica se recomienda estilos sobrios y planos.

Discusión y Conclusiones:

  • Muchos autores se autocitan en las conclusiones, puesto que sus trabajos suelen ser continuaciones de investigaciones previas y conocen sus resultados y las implicaciones de estos perfectamente. La discusión y conclusiones además nos permite descartar autores, todos aquellos autores con los que en la introducción y en este apartado los autores se muestren disconformes…
  • Por otra parte, en áreas de Ciencias Sociales y Humanidades es común que los autores reflejen en este apartado opiniones propias, en muchos casos alejadas de las opiniones comunes. Como decía Umberto Eco; la belleza tiene formas limitadas, en cambio la fealdad, el error es ilimitado, por lo que es más fácil identificar a alguien que se confunde o se separa de los cánones normales donde todos coinciden.

Bibliografía:

  • Citación nacional vs internacional. Nos da una idea de en qué ámbito se mueven los autores. Incluso podemos saber a qué país pertenecen.
  • Citación excesiva a libros. Dependiendo de la temática del trabajo podemos pensar que el autor es amateur, nacional, un doctorando, etc.
  • Citación a un pre-print. Si un autor cita un pre-print no publicado es evidente que es su autor.
  • Citación excesiva a un autor. Cuando Mr X cita excesivamente a un autor las sospechas aumentan, sobre todo cuando los trabajos no se relacionan directamente con el artículo presentado.
  • Citación a materiales raros. Cuando se citan materiales poco comunes, tesis, congresos, descriptores de asignaturas deberíamos sospechar el porqué de esta práctica. Si encima los materiales no están disponibles en internet o citados en Google Scholar es muy probable que el autor de estos sea el autor de la obra. Un golpe de tuerca sería además buscar si estos materiales han sido citados previamente.
  • Citación excesiva a una revista (especialmente los dos últimos años). Deberíamos ver quién es el editor de la revista o quién del staff publica sobre este tema.
  • En general, si se tienen sospechosos podemos comprobar sus parámetros de citación en busca de similitudes. Como dice Emilio Delgado en relación a la ciencia “Somos lo que comemos”.

Cómo descartar

  • Descartar a los autores con los que se muestre disconformidad.
  • Descartar a los popes de la disciplina que no son citados. Muchas veces este hecho viene dado por enemistades, lo que nos da una pista más de Mr. X.

En fin, probablemente se me habrá olvidado algún consejo más. Espero que el lector ahora sepa identificar mejor a los autores y camuflar mejor su identidad.

Nota: Este post lo escribí en marzo de 2013 y hemos creído conveniente actualizarlo y publicarlo en la Escuela de Revisores.

Los revisores: piedra angular de una revista científica de calidad

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-005

Muchas veces, en los foros universitarios, se reflexiona y discute, a veces acaloradamente, sobre las revistas científicas, especialmente sobre su controvertida calidad. Es cierto que las indexaciones internacionales, con sus rankings famosos, especialmente JCR y Scopus, han clasificado a las publicaciones en función de su factor de impacto en cuartiles y percentiles, como si esta fuera la única manera de medir la “calidad” de una publicación. Sin duda, es este un concepto más amplio que abarca dimensiones vinculadas al proceso de gestión de manuscritos originales, novedosos y significativos, así como la visibilidad de los mismos.

Si algo define, desde mi punto de vista, a una revista científica de calidad, es su capacidad de ser conocida y reconocida por una amplia comunidad científica de lectores y autores, por la pulcritud y rigor en sus procesos, la ética, puntualidad y transparencia de todos sus flujos y, sobre todo, por contar con un amplio cuerpo de revisores científicos internacionales prestigiosos en su campo, que sean capaces sistemáticamente de detectar la mejor ciencia para ser publicada. No hay que olvidar que las revistas científicas, ante todo, han de publicar trabajos que progresen y avancen “ciencia” y esto no es una simple obviedad, viendo el panorama de muchas publicaciones por doquier.

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Cuando el ego (y la necesidad de citación) juega en contra de una buena revisión

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-004

“Nunca mandar al autor una evaluación de pares sin antes haberla leído en detalle”. Esa lección, que parece obvia, la aprendimos como equipo editorial en la medida en que nuestra revista fue creciendo y aumentando sus índices de impacto. Cada día empezaron a llegar más revisiones de pares que caían en, lo que me parece, son dos vicios que hay que tratar de evitar a toda costa:
1) Por un lado, la tendencia a sugerir como decisión editorial una aceptación (con cambios menores, cambios mayores, o cualquiera de las variantes del R&R que tenga cada revista) de artículos que no cumplen con los estándares para ser publicados, solamente porque dentro de sus referencias aparecían referencias al evaluador(a) en cuestión.
2) Por otro lado, la incorporación en la evaluación de sugerencias innecesarias para extender la revisión teórica. En otras palabras, revisores que piden incluir “nuevas referencias”, las cuales pertenecen a (adivinen) el/la evaluador(a) en cuestión.

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La revisión de los criterios metodológicos en el aparato empírico de un artículo científico

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-003

Un criterio central de la solidez de una revista científica es la calidad empírica de sus artículos. Aunque esto parece innecesario decirlo, por resultar obvio, le verdad es que en el día a día del quehacer editorial este criterio puede desdibujarse con facilidad debido a condiciones mayoritariamente prácticas. Decimos que prácticas, pues, aunque el equipo editorial está siempre consciente de que el trabajo empírico representa la esencia de un artículo científico, los editores no somos y no podemos ser especialistas en cada uno de los modelos de tratamiento metodológico. Esta situación lleva implícita, entonces, que errores metodológicos de origen puedan ser pasados por alto en el proceso de edición; baste decir que en aparatos metodológicos basados en diseños cuantitativos complejos es fácil que los editores con conocimientos estadísticos no especializados podamos perder de vista errores que se diluyen entre tablas de frecuencia y gráficos coloreados.

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Elección clave de revisores: Especialización con afinidad de intereses y disponibilidad responsable

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-002

Seleccionar adecuadamente a los revisores es todo un reto para el editor. La experiencia revela que la calidad de las revisiones está íntimamente relacionada con la implicación de los revisores y ésta depende de la afinidad entre la especialización del revisor y el tema del texto a revisar.

Una buena base de datos propia de revisores no se puede improvisar, se construye a medida que se consolida la comunidad de investigadores que considera la revista. El uso del software libre OJS[1] parece generalizado en la gestión de revisiones, entre otros sistemas. En OJS, solo el autor que realiza el envío deja un perfil creado en el sistema. Si ha firmado en coautoría, los otros autores no quedan registrados. Es conveniente, por tanto, una vez admitido el texto, solicitar al autor del envío que active su rol de revisor, si no lo hizo cuando creó su perfil como autor, y sugerir a los coautores que se den de alta como revisores indicando sus intereses investigadores. OJS permite vincular la búsqueda de revisores con bases de datos externas.

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Revisión: una oportunidad para el diálogo académico

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-001

Una buena revisión es una reflexión sobre la pertinencia del tema estudiado, las hipótesis de partida y la metodología utilizada. Para esto, el revisor ha de ser una persona experta en el tema y que por tanto, dialogue con el autor sobre conceptos, enfoques, metodologías y referencias elegidas. Una buena revisión es una discusión dialogada con el autor, de tal manera, que en ese diálogo el autor pueda matizar afirmaciones, confirmar los datos y la información obtenida, reflexionar sobre las conclusiones. En definitiva, sacarle más partido a la investigación realizada.

Una buena revisión ayuda a transformar un manuscrito en artículo académico.  Para escribir este post me inspiro en una revisión que hizo un colega la revista Journalism and Mass Communication Quarterly. La revisión tenía tal calidad que recibió la felicitación de los editores de la revista. Dicha revisión tenía más de 4.000 palabras y cuatro folios. Versaba sobre la segunda república española, especialidad de mi colega, y en ella dejaba claro que iba a juzgar los hechos, no las opiniones. Tras una evaluación de las premisas falsas sobre las que el autor apoyaba su investigación  y la falta de originalidad, el revisor señalaba más de veinte imprecisiones sobre hechos históricos.

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