Categoría: Peer Review

Open Peer Review Reloaded: una nueva especie en medio de los ecosistemas tradicionales de la revisión por pares

https://doi.org/10.3916/escueladerevisores-018

La revisión por pares ha buscado medir la calidad, factibilidad y rigurosidad científica. A pesar de que existen diferentes tipos de revisión, en el mundo de la edición científica se hace énfasis en la revisión simple-ciego, doble ciego y revisión abierta. La revisión abierta, o mejor conocida como el Open Peer Review (OPR), en Iberoamérica, sigue causando interrogantes e inquietudes, pero a nivel mundial es una práctica que se ha ido implementando y consolidando. Y es que entender la revisión abierta como el solo hecho de dar a conocer la identidad de los autores y revisores, es apenas la punta del iceberg. El OPR, al implementar nuevos modelos de revisión, ha hecho cuestionar los efectos invisibles e imperceptibles del medio editorial. Un ecosistema que se ha fundamentado en una jerarquización y en unos procesos que, lamentablemente, toman mucho tiempo.

La práctica del OPR se desarrolló a finales de los años 90 y, aunque es una práctica muy joven, ha logrado cuestionar las dinámicas editoriales que durante mucho tiempo se han implementado y ha lanzado nuevos pensamientos, como la capacidad de autorregulación, la poca necesidad de intermediarios, la democratización de la revisión y las relaciones directas entre los autores y los revisores. Sin embargo, toda nueva especie trae consigo interrelaciones que simplemente no se pueden dejar a un lado, como la figura de un editor, que aunque se le invite a soltar un poco el control de los procesos de evaluación y editoriales, sigue a la cabeza gestionando las buenas prácticas editoriales, la tarea ardua y subjetiva que devienen de problemas éticos en publicaciones, el conflicto de interés y la objetividad en la revisión, la aprobación por favoritismo o por conveniencia, etcétera.

Así mismo, la disrupción puede generar tensiones entre los implicados del proceso de mejoramiento del manuscrito, porque se pueden generar disputas entre el autor y los evaluadores, espacio que en los otros métodos de evaluación no se da por su propia naturaleza. Por ello, el OPR permite la reformulación de los procesos editoriales, establecer nuevos lineamientos para los autores, ampliar las opciones de revisión por pares y ser parte de las nuevas dinámicas posibles que se han generado como necesarias y alternativas en el mundo científico. Varios ejemplos de cómo esta nueva especie ha logrado sumergirse en el ecosistema tradicional son Nature, F1000 Research, MBJ, Open Scholar, Peer J, entre otras, y organizaciones como OpenAire. Veamos algunos de ellos:

  • F1000 Research: esta revista tiene un apartado completo que invita a los autores a encontrar los revisores para su artículo. Esto quiere decir que el autor lidera la responsabilidad de que su artículo pueda ser sometido y así mejorar la calidad de este. No obstante, el editor apadrina al autor y le da unos posibles caminos para alcanzar su cometido. Por ello, la revista cuenta con un algoritmo que, al escanear el artículo, lanza una lista de potenciales revisores y le da sugerencias al autor. Así mismo, este debe escoger entre revisores calificados, expertos o imparciales.
  • Open Scholar: esta revista cuenta con una revisión por pares guiada por el autor, enfatizando que es tiempo de desafiar a la tradición y ampliar las posibilidades de que otros, a parte del grupo editorial, generen las conexiones y relaciones para evaluar el manuscrito. En este caso, el artículo debe estar publicado en un archivo en línea (preprints, librerías, repositorios, etc.), las revisiones deben ser publicadas y pueden ser comentadas y evaluadas por la comunidad científica y la revisión por pares guiada por el autor puede ser implementada en cualquier etapa de vida del artículo.
  • Peer J: A pesar de que la revista utiliza la revisión simple-ciego (los revisores ven los nombres de los autores), dentro de sus políticas editoriales, existe la opción de que el autor decida o no publicar el historial de revisión completo de su manuscrito, después de que este ya haya sido publicado.  

Si bien es cierto que el OPR ha implementado nuevos modelos de revisión, en el ámbito iberoamericano todavía queda por discutir abiertamente dichos procesos. No es una conversación que se deba tomar a la ligera, porque esta nueva especie implica (re)pensar el ecosistema y ampliar la visión de los procesos editoriales. Esto sumado a las capacidades propias que tiene cada institución u organización para la gestión de las publicaciones científicas. No es una cuestión de negar o cuestionar las labores del editor, de los comités y demás implicados en las revistas científicas, se trata de generar procesos simbióticos que constantemente, y con el devenir del tiempo, cambian, se transforman y siguen permitiendo la construcción de conocimiento.

Reciprocidad, elemento central del proceso de dictaminación

Hace algunos meses, en épocas prepandémicas, me encontré a una querida colega en un evento académico. Tras ponernos al día y un poco de conversación sobre asuntos universitarios, me dijo, ya en tono de mucha confianza: “… sé que andas muy involucrado con lo de las revistas, y me parece que lo que hacen es un trabajo muy importante, pero te cuento que yo ya rechazo, desde hace tiempo, todas las invitaciones a dictaminar artículos; es un engorro, nadie las toma en cuenta en nuestras evaluaciones, no valen nada en nuestros currículos y solo quita tiempo… mucho tiempo”.  Asentí un poco con la cabeza pero intenté explicarle que la labor de evaluadores y dictaminadores es vital en el trabajo editorial, que, básicamente, un noventa por ciento de los problemas de cronograma de una buena revista se derivan de problemas prácticos en el proceso de dictaminación, muy particularmente de la tasa de respuesta de evaluadores y dictaminadores y de la natural escasez de expertos puntuales en todas las áreas temáticas.
Frente a la explicación, no hizo nada más que encogerse de hombros y contestarme: “lo sé, pero ¿a qué horas resuelvo todo lo que hay que resolver, a qué horas escribo si tengo que dictaminar? Escribir y publicar son el centro de mi actividad y hacer dictámenes me aleja mucho de ello…”. Por su parte, yo sabía que en general ella tenía razón: los incentivos para dictaminar son casi nulos y lo que urge siempre en el rol de experto es escribir, no dictaminar.
            Pasó un tiempo y nos volvimos a encontrar, pero esta vez con otro ánimo; me contó: en México acababa de pasar un momento del año muy importante para los investigadores universitarios, que es la entrega de resultados de evaluación en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), el máximo órgano evaluador para esta actividad en el país, y a ella no le había ido nada bien: no solo no había ascendido (lo que era su expectativa), sino que estuvo a punto de perder su posición actual. El argumento que le dieron fue:  falta de producción científica publicada. Aunque es alguien que se mantiene muy activa investigando y enviando resultados para publicación, muchos de sus artículos del periodo a evaluar se mantenían en la temida pausa editorial. Detenidos o “en prensa”, y la moraleja se cuenta sola. Nada más asentí con la cabeza y me encogí de hombros.
            Como colofón y cierre a esta viñeta anecdótica, que es más cotidiana de lo que quisiéramos, huelga decir que una labor vital que tenemos los editores de revistas científicas actuales es el concientizar a nuestras comunidades académicas sobre el beneficio de reciprocidad que supone el acto de dictaminación; si bien no “da puntos” ni “abona a las evaluaciones de desempeño”, la dictaminación es un proceso dialógico y de doble tributación, es causa de posibilidad de poder ser leídos y publicados y debe ser una actividad recíproca; visto de otra manera, una parte central del trabajo de comunicación de una revista debe ser también el trabajar de cerca con estos “públicos internos” y refrendar con ellos, simbólica y moralmente, el “pacto comunitario” del ayúdame a dictaminar que alguien más te dictaminará.
           

¿Ciego, doble ciego o abierta?

Si hay algo que caracteriza a las revistas científicas es la revisión exhaustiva de sus publicaciones. Aunque el equipo editorial tiene la decisión de publicar o no un trabajo, es fundamental que no sea una decisión discrecional, sino que para cumplir con el rigor científico que se le presupone, todos los artículos deben pasar por la revisión de profesionales investigadores externos al comité editorial del medio, con tal fin de garantizar la calidad, pertinencia, confiabilidad e integridad de la investigación.

Todas las revistas científicas, cuando se crean, tienen que definir qué tipo de revisión externa van a utilizar para los trabajos que les lleguen. Esta decisión determina las políticas de control que se van a llevar a cabo y, para ello, se tiene que tener en cuenta la infraestructura con la que cuenta la revista y adecuar el formato de revisión que mejor se adapte a sus posibilidades.

Existen diferentes tipos de revisiones por pares (o peer review) –no tienen por qué ser dos o múltiplos de dos–. La referencia a pares es en el sentido de revisores semejantes u homólogos, especialistas en el tema a revisar. Veamos los tipos de revisiones que nos podemos encontrar en una revista científica:

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Publons, el arca de los revisores

La reputación de una revista académica se relaciona formalmente con el impacto de las publicaciones y se expresa de manera tangible en las métricas de las principales bases de datos indexadas. Los indicadores como Journal Citation Reports (JCR) o SCImago Journal Rank (SJR), entre otros, evidencian la calidad de la producción científica de la revista y suponen un constante esfuerzo del equipo editorial por descubrir los mejores artículos y proporcionarles una mayor visibilidad.

En este proceso de publicación científica, la etapa más delicada es el peer review. Por un lado, este depende de la cantidad de trabajo que los Editores invierten en la búsqueda y diálogo con los expertos; por el otro, porque la revisión por pares, en la mayoría de los casos, es una actividad voluntaria, colaborativa y no retribuida. El investigador que acepta la evaluación del manuscrito dedica tiempo y esfuerzo, supeditados por decisiones tan importantes como las métricas de desempeño o las contrataciones laborales.

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Descubriendo al autor: Consejos para la identificación de los autores en las revisiones ciegas

El sistema de ciego simple y doble ciego en las revistas científicas tiene sus seguidores y detractores, (hay quien propone, el triple, cuádruple y séxtuple ciego ). No es el objeto de este post hablar de las bondades del sistema, sino todo lo contrario. El objetivo de este post es “hacer que los ciegos vean” (Jn 9:39). No obstante, este texto también está dirigido a los autores que deben aprender a mantenerse en el anonimato y editores de revistas que deben velar por el anonimato de los trabajos en revisión.

Un buen científico, en su papel de revisor, debería poder identificar a los autores de los trabajos de su área, especialmente los trabajos de sus compatriotas, o al menos acotar suficientemente el número de «sospechosos». Esto por supuesto tiene sus limitaciones, es muy difícil identificar a los nuevos investigadores del sistema o a los investigadores que cambian de línea de investigación. A veces las identificaciones son erróneas, puesto que se identifican a los maestros y compañeros de los autores, que tienen líneas de investigación y grupos sociales académicos similares. Podemos decir que uno de los objetivos inherentes (aunque no declarado) a toda revisión ciega es la identificación de la fuente (el autor), para ello el trabajo se convierte en un tablero de “cluedo” y el investigador debe ir descubriendo las pistas, ponerlas en contexto y descubrir a Mr. X.

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