Aceptar una revisión: relevancia para la carrera académica de los/as investigadores/as del campo de la comunicación

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-008

En la última década, el profesorado universitario ha podido constatar cómo ha aumentado de forma exponencial la carga de trabajo burocrática y administrativa. A la atención online a los estudiantes y a los diversos órganos de gestión universitaria, multiplicada exponencialmente en los tiempos de la crisis sanitaria por el coronavirus, se ha añadido una nueva tarea: la aceptación o rechazo de la revisión de artículos, que nos demandan los editores de las revistas científicas de comunicación.

El primer impulso, con frecuencia, es valorar esta petición como una nueva tarea que se acumula a las muchas que nos llegan cada día. La cultura de la evaluación, fuertemente arraigada en el mundo anglosajón, tiene todavía un breve recorrido en el contexto español y latinoamericano. Pocas veces somos conscientes que aceptar una revisión abre un amplio abanico de oportunidades. En primer lugar, realizar una revisión supone una oportunidad para conocer, de primera mano, una investigación inédita. La realización de revisiones, con cierta regularidad, nos permite conocer los temas que se están investigando, las estrategias metodológicas que desarrollan los investigadores para abordar los objetos de estudio, las fuentes bibliográficas y documentales de las que se sirven, cómo exponen los resultados de sus investigaciones, etc. De este modo, la aceptación de revisiones nos ayuda a crecer como investigadores, y nos ayuda a estar al día en lo que se está investigando en la actualidad.

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Entre el reconocimiento de lo tangible e intangible del revisor científico: ¿ser o no ser?

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-007

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa (Mahatma Gandhi)

La palabra reconocimiento (ser reconocido) en cuanto al experto en ciencia, puede ser un arma de doble filo: por un lado, de ella puede devenirse el egocentrismo de un agente académico (muchas veces nocivo para la ciencia) y por el otro, puede ser la garantía para encontrar ese par académico aportador, noble, perdido y necesitado en la publicación de artículos científicos.

Encontrar a este último, no es trabajo sencillo; pero, hay ciertas pistas que nos permiten dar con un revisor para que comience a ser esa piedra angular de calidad para una revista: su reputación, el voz a voz, las relaciones académicas, su trayectoria medible como autor de textos científicos, su aporte sustancial al manuscrito que revisa, su percepción en la originalidad de un artículo, etcétera.

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Descubriendo al autor: Consejos para la identificación de los autores en las revisiones ciegas

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-006

El sistema de ciego simple y doble ciego en las revistas científicas tiene sus seguidores y detractores, (hay quien propone, el triple, cuádruple y séxtuple ciego ). No es el objeto de este post hablar de las bondades del sistema, sino todo lo contrario. El objetivo de este post es “hacer que los ciegos vean” (Jn 9:39). No obstante, este texto también está dirigido a los autores que deben aprender a mantenerse en el anonimato y editores de revistas que deben velar por el anonimato de los trabajos en revisión.

Un buen científico, en su papel de revisor, debería poder identificar a los autores de los trabajos de su área, especialmente los trabajos de sus compatriotas, o al menos acotar suficientemente el número de «sospechosos». Esto por supuesto tiene sus limitaciones, es muy difícil identificar a los nuevos investigadores del sistema o a los investigadores que cambian de línea de investigación. A veces las identificaciones son erróneas, puesto que se identifican a los maestros y compañeros de los autores, que tienen líneas de investigación y grupos sociales académicos similares. Podemos decir que uno de los objetivos inherentes (aunque no declarado) a toda revisión ciega es la identificación de la fuente (el autor), para ello el trabajo se convierte en un tablero de “cluedo” y el investigador debe ir descubriendo las pistas, ponerlas en contexto y descubrir a Mr. X.

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Los revisores: piedra angular de una revista científica de calidad

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-005

Muchas veces, en los foros universitarios, se reflexiona y discute, a veces acaloradamente, sobre las revistas científicas, especialmente sobre su controvertida calidad. Es cierto que las indexaciones internacionales, con sus rankings famosos, especialmente JCR y Scopus, han clasificado a las publicaciones en función de su factor de impacto en cuartiles y percentiles, como si esta fuera la única manera de medir la “calidad” de una publicación. Sin duda, es este un concepto más amplio que abarca dimensiones vinculadas al proceso de gestión de manuscritos originales, novedosos y significativos, así como la visibilidad de los mismos.

Si algo define, desde mi punto de vista, a una revista científica de calidad, es su capacidad de ser conocida y reconocida por una amplia comunidad científica de lectores y autores, por la pulcritud y rigor en sus procesos, la ética, puntualidad y transparencia de todos sus flujos y, sobre todo, por contar con un amplio cuerpo de revisores científicos internacionales prestigiosos en su campo, que sean capaces sistemáticamente de detectar la mejor ciencia para ser publicada. No hay que olvidar que las revistas científicas, ante todo, han de publicar trabajos que progresen y avancen “ciencia” y esto no es una simple obviedad, viendo el panorama de muchas publicaciones por doquier.

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Cuando el ego (y la necesidad de citación) juega en contra de una buena revisión

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-004

“Nunca mandar al autor una evaluación de pares sin antes haberla leído en detalle”. Esa lección, que parece obvia, la aprendimos como equipo editorial en la medida en que nuestra revista fue creciendo y aumentando sus índices de impacto. Cada día empezaron a llegar más revisiones de pares que caían en, lo que me parece, son dos vicios que hay que tratar de evitar a toda costa:
1) Por un lado, la tendencia a sugerir como decisión editorial una aceptación (con cambios menores, cambios mayores, o cualquiera de las variantes del R&R que tenga cada revista) de artículos que no cumplen con los estándares para ser publicados, solamente porque dentro de sus referencias aparecían referencias al evaluador(a) en cuestión.
2) Por otro lado, la incorporación en la evaluación de sugerencias innecesarias para extender la revisión teórica. En otras palabras, revisores que piden incluir “nuevas referencias”, las cuales pertenecen a (adivinen) el/la evaluador(a) en cuestión.

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La revisión de los criterios metodológicos en el aparato empírico de un artículo científico

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-003

Un criterio central de la solidez de una revista científica es la calidad empírica de sus artículos. Aunque esto parece innecesario decirlo, por resultar obvio, le verdad es que en el día a día del quehacer editorial este criterio puede desdibujarse con facilidad debido a condiciones mayoritariamente prácticas. Decimos que prácticas, pues, aunque el equipo editorial está siempre consciente de que el trabajo empírico representa la esencia de un artículo científico, los editores no somos y no podemos ser especialistas en cada uno de los modelos de tratamiento metodológico. Esta situación lleva implícita, entonces, que errores metodológicos de origen puedan ser pasados por alto en el proceso de edición; baste decir que en aparatos metodológicos basados en diseños cuantitativos complejos es fácil que los editores con conocimientos estadísticos no especializados podamos perder de vista errores que se diluyen entre tablas de frecuencia y gráficos coloreados.

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Elección clave de revisores: Especialización con afinidad de intereses y disponibilidad responsable

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-002

Seleccionar adecuadamente a los revisores es todo un reto para el editor. La experiencia revela que la calidad de las revisiones está íntimamente relacionada con la implicación de los revisores y ésta depende de la afinidad entre la especialización del revisor y el tema del texto a revisar.

Una buena base de datos propia de revisores no se puede improvisar, se construye a medida que se consolida la comunidad de investigadores que considera la revista. El uso del software libre OJS[1] parece generalizado en la gestión de revisiones, entre otros sistemas. En OJS, solo el autor que realiza el envío deja un perfil creado en el sistema. Si ha firmado en coautoría, los otros autores no quedan registrados. Es conveniente, por tanto, una vez admitido el texto, solicitar al autor del envío que active su rol de revisor, si no lo hizo cuando creó su perfil como autor, y sugerir a los coautores que se den de alta como revisores indicando sus intereses investigadores. OJS permite vincular la búsqueda de revisores con bases de datos externas.

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Revisión: una oportunidad para el diálogo académico

https://doi.org/10.3916/escuela-de-revisores-001

Una buena revisión es una reflexión sobre la pertinencia del tema estudiado, las hipótesis de partida y la metodología utilizada. Para esto, el revisor ha de ser una persona experta en el tema y que por tanto, dialogue con el autor sobre conceptos, enfoques, metodologías y referencias elegidas. Una buena revisión es una discusión dialogada con el autor, de tal manera, que en ese diálogo el autor pueda matizar afirmaciones, confirmar los datos y la información obtenida, reflexionar sobre las conclusiones. En definitiva, sacarle más partido a la investigación realizada.

Una buena revisión ayuda a transformar un manuscrito en artículo académico.  Para escribir este post me inspiro en una revisión que hizo un colega la revista Journalism and Mass Communication Quarterly. La revisión tenía tal calidad que recibió la felicitación de los editores de la revista. Dicha revisión tenía más de 4.000 palabras y cuatro folios. Versaba sobre la segunda república española, especialidad de mi colega, y en ella dejaba claro que iba a juzgar los hechos, no las opiniones. Tras una evaluación de las premisas falsas sobre las que el autor apoyaba su investigación  y la falta de originalidad, el revisor señalaba más de veinte imprecisiones sobre hechos históricos.

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Nueva Escuela de Revisores

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